sábado, 14 de marzo de 2009

Despues de tanto andar podriamos llegar



La tarde estaba tibia y tranquila, el cielo naranjeaba, el sol amenazaba con huir del valle, el leve viento mecía las leves hojas del pirul de la entrada, en la casa el sol entraba por la ventana de arriba, la radio tocaba una vieja canción de amor, los canarios de mamá trinaban alegremente, el vapor salía del baño desvaneciéndose como las promesas de juventud, se podía escuchar el sonido de las gotas de agua cayendo suavemente piel abajo arrastrando los recuerdos, la culpa, el vacío. Estela pensaba en la luminosidad del cielo aquel día y es que había sido particularmente brillante y ligeramente cálido, los volcanes se asomaban majestuosos y serenos al filo de la ventana del baño mientras ella tallaba su piel mulata suavemente, a ratos se olvidaba de su gran amargura, de la tristeza que hacía ya unas semanas le recorría el cuerpo como un rayo lento y doloroso.

El aroma del jabón perfumaba poco a poco sus manos, su cara y su pelo y se miraba en el espejo como esperando encontrar a alguien más, entró a la tina llena con agua caliente y esencia de mandarina, se recostó suavemente, cerró los ojos y comenzó a pensar en que le hubiera gustado decir: “Perdón, te amo, no te vayas, cabrón, amor…”, le hubiera gustado encontrar las palabras para decir: “te necesito vuelve, sin ti ya no hay más”, pero ya no era posible y se hundió en la desesperanza con sabor a mandarina mientras un hilillo de sangre salía rápidamente de su muñeca izquierda, después de unos minutos y un poco de dolor, un gran silencio fue lo último que hubo de escuchar Estela…

1 comentario:

  1. Las historias de Estela simplemente me dejan un nudo en la garganta..............increible de verdad, ésta noche de insomnio va dedicada a tu blog!!!!!

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