Que si le gustaban los jueves de tango, como pocas cosas en la vida, aunque algunas veces no pudiera probar el exquisito vino de la cuarta porque ella también tenía que conducir, ese también parecía un jueves como cualquier otro, la noche fresca sin ser fría y por alguna razón la tertulia había terminado temprano, lo suficiente para cenar con la familia así que decidió pasar por un poco de pan dulce para comer con el café, escogía el pan con la impericia de siempre cuando sintió una mirada conocida y al volver la vista a la puerta pudo verlo en la entrada, parecía que ni un segundo habían envejecido sus muy bellos y negros ojos, se detuvo el tiempo unos segundos y como quien esta al borde del abismo casi a la deriva con la respiración visiblemente paralizada y sin color en la piel trato de razonar que no era quien ella creía, que no hay regreso de la muerte y que por desgracia, ella seguía atada a la vida, que pena (pensó) el no esta vivo y yo no estoy muerta, aunque respirar, comer y andar no es siempre es vivir.
El fantasmagórico encuentro de aquella noche le alejó sueño, sueño que no hacía mucho había recuperado, después de vivir un insomnio crónico y horrible a causa de la muerte de Javier, con los ojos abiertos, acostada en la cama, solo tenuemente iluminada por las luces de la calle, revivía cada imagen de aquella maldita tarde que le cambió la vida, que mas bien que le quitó la vida, pensaba que muy pronto habrían pasado 6 años desde ese miércoles de marzo que tantas veces había deseado olvidar, pero esa noche, evidentemente mas tranquila que otras ocasiones casi resignada cerró los ojos y se propuso por ultima vez, recorrer los instantes de ese día….
La noche anterior a aquel fatídico día fue realmente terrible, no pudo pegar los ojos y dio vueltas en la cama hasta las 3 de la mañana, estaba inquieta y una opresión en el pecho no la dejaba para nada tranquila, a pesar de su inmenso cansancio se levantó al escuchar la alarma matutina y comenzó con la rutina de siempre, en la escuela comento con sus amigos la horrible noche que había pasado y con algo de sarcasmo les habló de su don premonitorio para los desastres. De regreso a casa, casi en calidad de trapo humano, subió al colectivo y se acomodó cerca de la ventana como siempre, para que el sol que atardecía le tocara la piel, sentada en el lugar de siempre pensaba en Javier y se olvidaba del cansancio y de las muchas cosas por hacer, le gustaba imaginar el futuro, los años que le seguían a ese, la prosperidad, los hijos y una vida ideal, un mensaje la sacó del transe para sumergirla en otro muy oscuro y ante la noticia de su muerte la noche le cayó encima como un manto frío en aquella esquina y sí, fue la primera vez que se sintió a la deriva.
