sábado, 14 de marzo de 2009

LOS MIÉRCOLES



El amor y la vida
siempre se abren camino

Me cuestan mucho los miércoles, desde el odioso sonido de la alarma a las 5:30 a.m., incluso antes de abrir los ojos un escalofrío me recorre todo el cuerpo y me siento pesada y viene el mareo al ponerme de pie y sentir el piso mas frío que los otros días y el baño no tan reconfortante.
Los miércoles es más difícil elegir qué blanco usar, qué desayunar, ese día siempre se me hace tarde aunque quiera llegar temprano, hay algo que me detiene al caminar, como unas pesas sobre los tobillos.
El taxi se mueve lentamente hacia la clínica y al llegar siempre espero un poco antes de descender, porque recuerdo que es miércoles, ya en la clínica camino rápido hacia el salón y me siento lejos de la ventana, no vaya a ser que su fantasma pase cerca y pueda escuchar su risa o su voz y entonces tenga que salir corriendo porque no puedo contener el llanto, no vaya a ser que mi corazón neurógeno me traicione y deje de latir algunos minutos.
Después de la Teoría de los miércoles subo corriendo a refugiarme al 10 siempre con la zozobra de encontrarlo por ahí cazando golondrinas, aunque tal vez sea más mi hambre o la necesidad de imprimir la tarea y entonces tenga que salir al café, corriendo —claro— para no toparme con su figura de alabastro.

Y al final de la práctica me espero en el 10 hasta asegurarme que la clase ya va a comenzar y no pueda distraerme y buscarlo con la mirada por el patio entre carro y carro, y termina la clase y salgo corriendo hacia mi casa y en el camino me pregunto si algún día dejare de odiar tanto los días miércoles.

No hay comentarios:

Publicar un comentario